domingo, 10 de septiembre de 2017

El problema catalán: del "España nos roba" al "nos roban todos ".


El llamado "problema catalán" que ha transitado de la arena política, pasando por la judicial hasta llegar al esperpento, es el resultado de un conjunto de incompetencias políticas múltiples y deseos frustrados.  Para colmo, este contencioso ha llegado a su climax en el momento en el que el peor periodismo que jamás haya existido campa a sus anchas, sin ética, ni rigor ni pudor. Según lo que ordene quien paga para que las imprentas se pongan en marcha, la realidad que nos presentan los periódicos va de lo vomitivo a lo ridículo. La televisión está aún peor, más manipulada y más nauseabunda, con el agravante de que no hay ninguna diferente entre televisión que pagamos todos y la que pagan algunos empresarios de su bolsillo: en ambas la verdad  y la decencia brillan por su ausencia. El resultado es la confusión más absoluta sobre qué está pasando en Cataluña y qué le pasa al gobierno de España.

Lo que hay detrás de la huída hacia adelante de los políticos independentistas catalanes y de la furibunda reacción del gobierno del PP, que no nos ha defendido de la corrupción, ni de los recortes, ni del desfalco que su propio partido nos ha ocasionado, pero que ha salido a defendernos de las urnas y las papeletas del referéndum en Cataluña como si de un ataque marciano se tratase, es una realidad que nadie parece reconocer: hoy en día no está considerado bajo ninguna forma ni fórmula el derecho de autodeterminación de ningún pueblo en los estados democráticos, de modo que lo de referéndum legal o ilegal, por la vía del diálogo o a través de la violencia es un sinsentido y una pérdida de tiempo. También es un engaño no revelar a  la ciudadanía esta verdad política del siglo XXI.

Los llamados "padres de la Constitución española" se encargaron de dejarlo todo muy bien atado para que utilizando las vías legales España se mantuviera como Franco la quería pero sin levantar sospecha. De modo que todo lo que hagan los catalanes encaminados a tener el ansiado "derecho a decidir" es y será ilegal, según la legalidad vigente, y todos los medios que utilice el gobierno para frenar este desafío político, ante el cual reacciona de la peor de las maneras, será legal. El PP, una organización política financiada ilegalmente, corrupta hasta los tuétanos, con decenas de imputados, condenados e investigados por atracar descaradamente a las arcas públicas, cuyos casos de corrupción tienen nombres con casi todos las letras del alfabeto, anuncia de forma estridente que no permitirá que se viole el orden constitucional. Un partido que no pasaría ninguna auditoría de calidad democrática ni de decencia política será el encargado de hacer cumplir la ley.

Dice la vicepresidenta del gobierno que ha sentido "vergüenza democrática" al ver cómo los políticos catalanes desafiaban la legalidad vigente. ¿La sintió cuando el tesorero de su partido, ese hombre cuyo nombre tienen prohibido pronunciar, entregaba a los altos cargos del PP sobres con el dinero que nos había robado a los ciudadanos vía comisiones ilegales sobre obra pública? ¿Acaso se le cayó la cara de vergüenza (democrática o dictatorial) cuando vio a su presidente sentando declarando como testigo por la financiación ilegal de su partido? ¿Ha sentido vergüenza cuando ha visto a sus compatriotas peleándose por los restos de los cubos de basura de los supermercados mientras aprobaban recortes que dejaban a miles de familias en la indigencia?

Así las cosas, sólo nos quedará ver desfilar por las calles de Cataluña a los agentes que, cumpliendo órdenes y porque también tienen familias e hipoteca, ejercerán la violencia legítima arremetiendo contra cualquier forma de urnas o papeletas que encuentren a su paso o en los registros legalmente autorizados y llevando ante la justicia a los políticos elegidos en las urnas por los ciudadanos.

Lo peor es que mientras todo esto ocurre nos siguen robando, porque para atracarnos sí vale la legalidad vigente.



viernes, 1 de septiembre de 2017

El reto viral del agua hirviendo. ¿Qué será lo próximo?


El reto viral del agua hirviendo arrasa en las redes sociales. Ya se ha llevado por delante la vida de una niña y tiene a varios menores hospitalizados con quemaduras graves. Este duelo absurdo, sin sentido ni propósito alguno, que consiste en echarse agua hirviendo por encima mientras otro te graba y lanza a las redes la reacción desesperada y patética ante tal hazaña para que el mundo contemple tal estupidez, es, según parece, la ocurrencia última que alguien ideó y que decenas de adultos, y también y lo más triste, niños, están dispuestos a repetir. Me he quedado estupefacta ante las escenas de auténtico terror que muestran la reacción de estos seres al comprobar, para su sorpresa, que el agua hirviendo quema. 

Aun que en las escenas el protagonismo lo detenta quien se inflige tal daño, me pregunto por "el otro",  quien graba la escena, ya que en mi opinión está en un estado mental más lamentable, si cabe, que quien perpetra contra sí mismo la avería de dejare en carne viva. 

Siguiendo a Darwin no tengo más alternativa que pensar que se trata de una especie de “selección natural invertida”, que se manifiesta en algunos especímenes humanos quienes, ante la intrascendencia de sus vidas, ante la falta de sentido o el tedio, deciden por ellos mismos exterminarse para no transmitir esa genética del absurdo a las siguientes generaciones. Esta decisión de inmolarse a medias para librar a la especie de ti mismo podría considerarse, en última instancia, un acto altruista, pero no podría tener este calificativo ya que, al contrario, incita a menores de edad a emular a estos adultos ineptos. Además, es improbable que esta determinación fuera el resultado de algún proceso reflexivo. 

Al realizarse en directo, sin distinción, violando cualquier normativa de programación no apta para menores, disemina como una epidemia el deseo de repetir esta hazaña a un público meta muy amplio, alcanzando también  a menores que tienen un dispositivo electrónico a mano y que no pueden evaluar en su justa medida las consecuencias de imitar ese acto irracional. Entonces, esta “hazaña” de algunos adultos se transforma potencialmente en un crimen.

No salgo de mi asombro ante este este "reto viral" que más bien parece el preludio de un Apocalipsis laico que acabará con el exterminio de una parte de la humanidad por sus propias manos.

¿Qué nos está pasando? ¿Cuál será el próximo reto? ¿Echarse ácido sulfúrico por encima mientras otro imbécil te graba?


¡Cuánto horror y cuánta insensatez!

domingo, 27 de agosto de 2017

La muertes de otros, nuestra muerte.



Los atentados terroristas que han ocurrido en Barcelona deberían recordarnos en primera o en última instancia que vivimos en un mundo perverso, dominado por una inmoralidad estructural que entre sus proyectos presentes y futuros concibe la muerte de millones de seres humanos. La forma en que habrán de ocurrir estas muertes no es siempre una sorpresa, ya que contamos con proyecciones estadísticas e incluso con modelos informáticos que nos advierten con luces intermitentes o gráficos coloridos dónde ocurrirá la próxima hambruna que se llevará por delante a millones de seres humanos como nosotros. Pero esos datos estremecedores e insoportables no nos escandalizan, ni nos llevan a las calles con o sin banderas, con o sin pitadas, porque esas muertes, además de previstas, ocurrirán muy lejos de aquí. No tendremos que recoger esos cadáveres ni improvisar fosas comunes para darles sepultura. A lo sumo lo veremos en un telediario de forma muy resumida, antes de la sección dedicada a los deportes.

La planificación de la muerte cruenta de millones de seres humanos forma parte de prácticamente todas las agendas políticas oficiales y también de células o actores armados que han decidido por su propia cuenta ejercer la violencia; violencia efectiva, violencia simbólica, violencia legal o ilegal. Matar por guerra, matar de hambre, matar de olvido, matar socialmente a los que no han conseguido el éxito, matar en nombre Dios, matar en nombre del Mercado, MATAR. Nuestro mundo insensible y despiadado nos educa en la aceptación de la violencia contra determinados cuerpos, naturaliza la muerte de los otros, sin advertirnos que asistimos, también, a nuestra muerte. 

Lo que ocurrió en Barcelona no estaba previsto, no entraba en las posibilidades ni probabilidades de lo que podría ocurrir un día cualquiera en Las Ramblas. Estas fatídicas y desoladoras muertes no estaban en ninguna estadística, por eso estamos consternados y parece que no haya podido sobrevenir sobre nosotros algo así. Esos cuerpos, en ese lugar,  no eran potencialmente objetivo de ninguna forma planificada de muerte. La muerte irrumpió en un escenario donde no se le esperaba. Sin embargo, si la integridad y la protección de toda vida humana no es algo prioritario, todos corremos un grave riesgo, si todas las vidas humanas no son igualmente valiosas corremos todos un gran peligro. Establecer zonas "seguras" en un mundo globalizado y cada día más fragmentado, desigual e inhumano es más una ilusión que una realidad. 

Cuando no soportemos las muertes inútiles y nos duela en los huesos y en la conciencia cada niño que no vivirá porque forma parte de las siniestras estadísticas de la próxima hambruna,  cuando no podamos soportar que las bombas que fabrican al lado de nuestra casa o en el pueblo de al lado, caigan sobre personas como nosotras mientras dormían, o cuando iban hacia sus trabajos o de compras al mercado, cuando las playas se queden desiertas porque el mar ha depositado en la arena a otro Ailán, y ya no podemos soportarlo, cuando nos neguemos a bajar las estadísticas del paro si para ello tenemos que emplearnos fabricando bombas de racimo que destrozarán otros cuerpos, idénticos a los nuestros, a los de nuestros hijos, hermanos y madres, algo podría cambiar. Si para aumentar el PIB tenemos que participar en la planificación macabra de la muerte de otros seres humanos, estamos en un callejón sin salida e igualmente inmoral que el de los “otros”.

Mientras esto no ocurra, corremos el riesgo de formar parte de otra estadística de la crueldad planificada por otros igualmente crueles, igualmente deshumanizados e insensibles. Estaremos entre los escombros, abatidos por quienes vivían en la casa de al lado, o en una manifestación entregando rosas a nuevos héroes, pero estaremos igualmente, desolados. 

Nosotros aún podemos manifestarnos y realizar rituales colectivos de sanación improvisando altares en las calles, podemos incluso firmar libros de condolencias; en otros lugares no pueden porque siguen recogiendo y enterrando a sus hijos, hermanos, esposas, vecinos. Los sobrevivientes, los héroes que sacan los cuerpos  de sus seres queridos de entre los escombros con sus manos, serán héroes efímeros, hasta que la próxima bomba les aniquile también a ellos. No recibirán rosas ni aplausos.


Hoy lloramos por ti, Barcelona... ya lloramos por Bagdad, por Alepo, por Berlín, por Gaza, por Ramala, por Madrid, y casi no nos quedan lágrimas...

sábado, 29 de julio de 2017

De la normalidad democrática española al "venezolazo". Creando cultura política.

El país está hecho unos zorros, pero estamos bien, o más bien, estamos como de costumbre, es decir, como el sistema corrupto en el que vivimos quiere que nos acostumbremos a estar. La normalidad democrática se ha transformado en un sistema donde tenemos libertad para callar, para quedarnos en el sofá mientras nos desfalcan y para ver por televisión al presidente del gobierno declarando como testigo en un caso de corrupción de su partido; un caso tan descomunal que han tenido que partirlo en “piezas separadas” para que con algo de suerte se pierda alguna de ellas por el camino hasta que prescriba. También tenemos la libertad de pagar una multa si despotricamos del gobierno y la de pagar con pena de cárcel un chiste o un tweet que ofenda la memoria de los políticos fascistas que nos precedieron. Tirarle una foto a un policía biónico que apalea a un ciudadano por manifestarte contra lo normal es un desacato que tenemos el derecho de pagar con unas vueltas por el patio del correccional al que tengan a bien enviarnos. Todas estas libertades han quedado intactas. El sistema que nos hizo antisistema nos asegura hacernos la vida imposible dentro de la más estricta legalidad si se nos ocurre pensar que lo que ellos dicen que es lo normal no es lo normal. ¿De qué nos quejamos?

Todos esto es lo normal. Lo que ha pasado a ser un auténtico lujo es poder llegar a medio mes, comer todos los días y pagar la calefacción. ¿Una habitación propia? Eso es querer vivir por encima de las posibilidades que el sistema corrupto ha definido como posibilidad sólo para ellos. Sobre todo, si eres de izquierda, lo normal, según este sistema que ha esquilmado la hucha de las pensiones y que nos ha estafado 90.000. 000. 0000 de euros, es que vivamos todos apelotonados en piso de 40 metros con hijos y nietos, lo cual es, además, muy ecológico: reduce el consumo de gas en invierno. La unidad doméstica de izquierda se transforma así en una central termoeléctrica afectiva en la que pueden calentarse gratis los unos a los otros. Pero aquí no acaban todos los beneficios, queridos amiguitos: al reducir el gasto energético la pensión del abuelo se estira un poco más y así podemos pagar el transporte público para ir y venir al banco de alimentos, porque al banco de toda la vida ya no hay que ir. Todos son ventajas, pero nos quejamos de puro vicio.

Esos que se pasean semana sí y semana también por la Audiencia Nacional como presuntos corruptos, los que nos dijeron que la crisis llegó porque los pobres nos habíamos ido de vacaciones al Caribe,  y cuyos amigos empresarios y compañeros de partido han dado ya con sus huesos en Soto del Real por corruptos, o se han pegado un tiro, han puesto el listón a los políticos de izquierda muy alto, tan alto que tendrán que comprarse una pértiga si quieren superarlo: ir a la piscina se ha transformado en un acto inmoral e incoherente con la ideología marxista que bien valdría una dimisión. Los políticos de izquierda, según los principios de los presuntos corruptos, deben bañarse en su casa y a ser posible, con agua reciclada. Para acabar con el planeta ya están ellos, que son los dueños de todo.

Estos políticos, hijos del coito entre a inmaculada transición y la corrupción de toda la vida, a quienes los montadores de Ikea dejan millones de euros en los altillos, en cuyos aparcamientos se perpetran aparcamientos forzosos de jaguares sin su conocimiento, aquellos que nos pasaron la factura de los "volquetes de putas" que encargaron para divertirse en sus fiestas privadas, esos que hicieron obras absurdas para que su partido fuera bajo los efectos de las donaciones ilegales de esos empresarios modélicos a las elecciones, han creado "el venezolazo", un arma de destrucción masiva de preguntas incómodas: consiste en coger a Venezuela o cualquier cosa que pase por allí, y tirárselo a la cara o al micrófono de cualquiera que les pregunte por los casos de  corrupción o por cualquier cosa que les resulte inconveniente. Es su última creación política, pero no será la última.